En el lado
oeste de la carretera, se deja el coche en la entrada del camino que da
acceso al molino. A la surgencia se llega andando siguiendo la propia captación del molino, a unos 400 metros.
La parte aérea de la cueva tiene un par de pasos estrechos. Unos 200 metros de zona aérea hasta el sifón.
Con algo de barro.
Eliseo bucea después
de un verano extremadamente seco y muchos días sin llover.
Según parece, hace unos dieciséis años buceó un tal Antuan. Avanzó unos 40 metros con mucha
corriente y mala visibilidad. Eliseo encontró hilo los primeros 15 metros.
La inmersión:
Profundidad
máxima: 10.4m / Tiempo inmersión: 24 minutos / Temperatura del agua: 13 grados
Relato de la
inmersión:
Eliseo exploró 105 metros
en total. Hay una burbuja en el metro 80 aproximadamente de la que no se puede
salir. Tiene unos dos metros hasta el techo.
Hay muchísimo
sedimento en el fondo, pero también en las paredes y el techo. Se enturbia
muchísimo y hay que fraccionar muy bien para volver por zona segura.
Cuando llegó a
105m no encontró donde fraccionar y recogió hilo hasta encontrar un pequeño
saliente casi sin ver. Fraccionó, hizo el ballestrinque en el carrete y en el
momento de cortar se rompió la roca del fraccionamiento y el hilo quedó suelto.
Intentó deshacer el ballestrinque del carrete sin ver pero no lo consiguió.
Abandonó el carrete para no volver por un hilo cortado y salió con mucha
precaución para que no se soltara ningún fraccionamiento.
Conclusiones:
Hay que volver
tras un periodo de lluvias fuertes para ver si está con menos sedimento y
recuperar el carrete.
Llevar estacas
para fraccionar en el sedimento.
Con esas
condiciones de sedimento es una cueva muy peligrosa, con muchas posibilidades
de acuñarte si no se fracciona bien.
Buceador: Eliseo Belzunce
25 ago 2026
Marboré
tendrá que esperar: una campaña diferente en Ordesa
Después de 11 campañas de exploración en
Ordesa, este año el Grupo Espeleológico Otxola se había marcado un objetivo
muy especial: regresar a la mítica Sima de Marboré, una de las grandes
cavidades históricas de los Pirineos.
La expedición estaba completamente preparada. El
material, la logística y el equipo humano estaban organizados. Sin embargo,
cuando faltaban apenas tres días para comenzar la campaña, las
previsiones meteorológicas y las condiciones de seguridad nos obligaron a tomar
una decisión que no habíamos tenido que tomar nunca en nuestras anteriores
campañas en Ordesa: suspender la expedición.
No fue una decisión fácil. Pero en la alta
montaña hay una regla que siempre debe prevalecer: la seguridad está por
encima de cualquier objetivo de exploración.
Cambiar el
objetivo, no abandonar la montaña
Aunque Marboré tendría que esperar, no queríamos
dar por perdida la campaña.
En pocos días reorganizamos nuestros planes y
preparamos una campaña alternativa de cuatro días, esta vez orientada a
la colaboración con los geólogos liderados por Miguel Bartolome del Museo
Nacional de Ciencias naturales y del Instituto Pirenaico de Ecología que
trabajan en el estudio del hielo y de los espeleotemas de las cavidades de
Ordesa.
La nueva campaña nos llevó hasta dos enclaves
especialmente interesantes: la Cueva Helada de Casteret y diferentes
cavidades del complejo de Sarrios.
En ellas realizamos trabajos de acceso y
equipamiento, observación y documentación, así como tomas de muestras para
los estudios científicos que se están desarrollando.
Casteret: 100
años de historia
La visita a la Cueva Helada de Casteret tuvo
además un significado especial.
Este año se cumplen 100 años de su
descubrimiento, un siglo durante el cual la cavidad se ha convertido en uno
de los lugares más emblemáticos de la espeleología y del montañismo pirenaico.
Pero celebrar su centenario también nos obliga a
mirar hacia el futuro.
El hielo que caracteriza a Casteret se encuentra
condicionado por las variaciones de temperatura y por los cambios ambientales
que está experimentando la alta montaña. La evolución de estas masas de hielo
puede convertirse en uno de los indicadores más evidentes de cómo el cambio
climático está afectando también al mundo subterráneo.
Lo que para nosotros es una cueva helada es, para
los investigadores, mucho más: un archivo natural capaz de conservar
información sobre las condiciones ambientales del pasado.
Un patrimonio
que puede desaparecer
El trabajo realizado durante esta campaña
adquiere especial importancia porque algunas de estas formaciones de hielo
podrían desaparecer en los próximos años si continúa la tendencia de aumento de
las temperaturas.
Documentar su estado actual, recoger muestras y
registrar las condiciones de las cavidades permitirá comparar su evolución en
el futuro.
Lo mismo ocurre con los espeleotemas estudiados
en las cavidades del complejo de Sarrios. Estas formaciones minerales
constituyen auténticos registros naturales de los procesos que han tenido lugar
en el subsuelo durante largos periodos de tiempo.
La colaboración entre espeleólogos y científicos
permite acceder a estos lugares, documentarlos y obtener información que,
posteriormente, puede ser analizada y utilizada para comprender mejor la
evolución del medio subterráneo.
Una campaña
que no estaba prevista
Esta campaña comenzó con una suspensión, pero
terminó convirtiéndose en una experiencia diferente y enriquecedora.
No pudimos cumplir el objetivo inicial de
regresar a Marboré, pero conseguimos algo igualmente importante: seguir
trabajando en Ordesa y aportar nuestro conocimiento y experiencia a proyectos
científicos que ayudan a comprender y conservar su patrimonio subterráneo.
La espeleología no consiste únicamente en
alcanzar una nueva profundidad o descubrir una nueva galería. También consiste
en observar, estudiar, documentar y proteger aquello que encontramos.
En Casteret y Sarrios hemos podido comprobar, una
vez más, que las cuevas no son espacios aislados del mundo exterior. Los
cambios que se producen en la superficie terminan llegando también al subsuelo.
Y el hielo es quizá uno de los testigos más
frágiles y evidentes de ese proceso.
Marboré tendrá
que esperar
La Sima de Marboré queda pendiente.
La historia de esta cavidad nos enseña que la
exploración subterránea requiere paciencia, perseverancia y, sobre todo,
respeto por la montaña.
Cuando las condiciones sean las adecuadas,
volveremos a intentarlo.
Mientras tanto, esta campaña nos ha dejado algo
muy valioso: nuevos datos, nuevas experiencias y la satisfacción de haber
contribuido al conocimiento científico de algunas de las cavidades más
singulares de Ordesa y sobre todo nuevos amigos.
1 de marzo de 2026. En el
agua y listos para empezar la inmersión. El nivel estaba alto, cosa que ocurre
una o dos veces al año, el agua bastante limpia y los siete sifones del Forat
de l´Or, encadenados para poder atravesarlos sin sacar la cabeza del agua.
César y Jose bucearon dos
días antes para valorar la visibilidad y montar el hilo hasta el punto de nivel
bajo.
Empecé la inmersión
después de superar varios problemas técnicos mientras preparábamos el equipo.
Decidí entrar, a pesar de que uno de los displays de lectura de oxígeno del
rebreather secundario no funcionaba.
Al ascender el tercer
sifón, y después de pasar la zona profunda de -86 metros, vi que un segundo
display fallaba también a ratos. Opté por abortar la inmersión y dar media
vuelta.
Otra oportunidad perdida.
El acceso a la cueva está
junto a la carretera que atraviesa el Congost de Terradets que corta en dos la
sierra del Montsec. Pertenece al municipio de Camarasa y está muy cerca de
Tremp. Tras una parte aérea de unos trescientos metros que complican un poco
los porteos, se llega al primer sifón. A partir de ahí ya sólo se puede
continuar buceando. Es un gran colector que va por debajo de la sierra siempre
hacia el Este.
Siguió lloviendo debido
al tren de borrascas de este peculiar invierno y Jordi no paraba de mandarnos
fotos donde se veía que el agua salía por la boca de la cueva, signo inequívoco
de que el nivel se mantenía alto. Así que volvimos a intentarlo.
13 de marzo de 2026. Otra
vez en el agua y de nuevo listos para empezar la inmersión. Y esta vez todo
funciona. Además, los pequeños cambios que he modificado de la configuración
del equipo me permiten bucear más cómodo.
Voy con dos rebreathers,
dos scooters, bailout para poder salir a las burbujas intermedias si fuera
necesario y muchos lúmenes en los focos para poder grabar toda la inmersión.
Voy superando los tres
primeros sifones con relativa facilidad y llego a -6 metros tras el tercer
sifón donde tengo que hacer unos cuantos minutos de descompresión para poder
seguir.
A partir de aquí empieza
otra cueva para mí. Tengo que pasar la parte estrecha del cuarto sifón,
ascender hasta -2,5 metros y después entrar en la galería Carlos Gasio que me
lleva hasta la punta de exploración tras atravesar los sifones cuarto, quinto y
sexto. Un sube y baja muy técnico que requiere mucha atención y muchas
maniobras para avanzar rápido y sin fallos.
La anterior punta de
exploración está en el séptimo sifón, a -43 metros y a 1465 metros del inicio
de la inmersión.
Llego allí en el minuto
63, muy rápido, antes de lo que tenía previsto.
Han pasado cuatro años
desde la última vez que estuve aquí. Fue en abril de 2022. En esa ocasión
exploré 74 metros de galería. Iba con un solo rebreather y al no llevar gas
descompresivo suficiente para la vuelta, tuve que pararme ahí. Después lo
volvimos a intentar en cuatro ocasiones más, pero por diversas razones no pudo
ser.
Dejo lo que no necesito
para explorar, ato el carrete de exploración y me meto en el tramo que tenía
grabado en la memoria y que no puede explorar cuatro años antes.
Exploro con el scooter y
paso rápidamente la curva que tenía delante, tras hacer un par de
fraccionamientos. A partir de ahí, afronto un tramo recto ligeramente descendente
que me lleva a la cabecera de un pozo. Fracciono de nuevo, veo que estoy a -55
metros y debajo de mí, intuyo ver hasta -70 más o menos.
No contaba con esto, los
geólogos apostaban por una galería más superficial. Recalculo un poco toda mi
planificación y me digo a mí mismo que cuando tenga cincuenta minutos de
descompresión me salgo. Y máximo hasta -80 metros.
Bajo poco a poco el pozo
hasta -60 metros. Me meto por un lateral a otra bajada más amplia y sigo
bajando hasta -70 metros. Empiezo a pensar en terminar y veo más abajo un pico
muy bueno para fraccionar. Ya no quiero ni mirar la profundidad, pero sé que
tengo que estar rondando los -80 metros. Y la galería sigue bajando.
Ato en el pico, corto el
hilo y me voy de allí rápidamente para no acumular más descompresión. Deshago
los metros explorados y recojo el segundo scooter y una botella que había
dejado al inicio del tramo explorado. Echo un vistazo al ordenador y veo que
tengo 55 minutos de descompresión.
Tengo que cumplir ese
tiempo en el sexto sifón para poder seguir saliendo. Y después atravesar de
nuevo las estrecheces del cuarto, bajar a -86 metros en el tercer sifón y
deshacer los desniveles del segundo y el primero.
Sobre todo los ascensos
los hago con sumo cuidado. Lento, muy lento, no quiero tener problemas ni
síntomas de enfermedad descompresiva. Nunca he hecho una inmersión con un
perfil así y estoy un poco intranquilo.
Después, en casa, pude
ver que hay 486 metros totales de ascenso y otros tanto de descensos.
Por fin llego al S1 y allí,
muy cerca de la salida, completo otros cincuenta minutos de descompresión para
poder salir.
Después de más de
doscientos minutos de inmersión salgo a la superficie y puedo contar a mis
compañeros todo lo que ha pasado.
Es muy emocionante cuando
compartimos ese momento. Cuánto cuesta explorar aquí! Es muy difícil! Hay muy
pocos días al año que se puede hacer y cuando se puede, tienen que alinearse
muchas cosas para que salga bien. Los que me ayudan a portear y a equiparme,
nunca se quejan ni cuestionan mis decisiones, pero me sabe mal por ellos cuando
las cosas no salen bien.
Pero hoy es día de
celebración. La punta está ahora a casi 1500 metros y a -78 metros de
profundidad, en el séptimo sifón. Hemos explorado 78 metros más de distancia y
sigue bajando.
La próxima exploración
será aún más difícil, como pasa siempre. Tendré que mejorar, entrenar y
mentalizarme bien para poder seguir.
Participantes: Jordi
Pascual, Jose Ignacio Perdices, Joel Borrazas, Josep Moldes, Ferrán Marqués,
Alba Serra, César Sempere, José Marin, Eliseo Belzunce.
Agradecimientos a: Hotel
Bar Restaurante La Canonja, Hotel Terradets, Seacraft y todos los que han
participado en anteriores exploraciones.
A pesar de llevar ya un tiempo en la recamara y a falta de unos retoques, ya tenemos la memoria espeleológica de Ordesa 2025. Trabajazo de todos los Otxolo@s. Agradecer la ayuda de Miguel Bartolomé y Enrique Beruete por su ayuda y aportaciones y a todos los que han hecho posible esta campaña. Un recuerdo especial y dedicar este trabajo a Elena Villagrasa, directora del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y desgraciadamente fallecida en 2025.
Podeis descargaros la memoria en la pestaña de trabajos/lanak en este blog. o en este enlace descarga