25 ago 2026

 

Marboré tendrá que esperar: una campaña diferente en Ordesa

Después de 11 campañas de exploración en Ordesa, este año el Grupo Espeleológico Otxola se había marcado un objetivo muy especial: regresar a la mítica Sima de Marboré, una de las grandes cavidades históricas de los Pirineos.

La expedición estaba completamente preparada. El material, la logística y el equipo humano estaban organizados. Sin embargo, cuando faltaban apenas tres días para comenzar la campaña, las previsiones meteorológicas y las condiciones de seguridad nos obligaron a tomar una decisión que no habíamos tenido que tomar nunca en nuestras anteriores campañas en Ordesa: suspender la expedición.

No fue una decisión fácil. Pero en la alta montaña hay una regla que siempre debe prevalecer: la seguridad está por encima de cualquier objetivo de exploración.




Cambiar el objetivo, no abandonar la montaña

Aunque Marboré tendría que esperar, no queríamos dar por perdida la campaña.

En pocos días reorganizamos nuestros planes y preparamos una campaña alternativa de cuatro días, esta vez orientada a la colaboración con los geólogos liderados por Miguel Bartolome del Museo Nacional de Ciencias naturales y del Instituto Pirenaico de Ecología que trabajan en el estudio del hielo y de los espeleotemas de las cavidades de Ordesa.

La nueva campaña nos llevó hasta dos enclaves especialmente interesantes: la Cueva Helada de Casteret y diferentes cavidades del complejo de Sarrios.

En ellas realizamos trabajos de acceso y equipamiento, observación y documentación, así como tomas de muestras para los estudios científicos que se están desarrollando.


Casteret: 100 años de historia

La visita a la Cueva Helada de Casteret tuvo además un significado especial.

Este año se cumplen 100 años de su descubrimiento, un siglo durante el cual la cavidad se ha convertido en uno de los lugares más emblemáticos de la espeleología y del montañismo pirenaico.

Pero celebrar su centenario también nos obliga a mirar hacia el futuro.

El hielo que caracteriza a Casteret se encuentra condicionado por las variaciones de temperatura y por los cambios ambientales que está experimentando la alta montaña. La evolución de estas masas de hielo puede convertirse en uno de los indicadores más evidentes de cómo el cambio climático está afectando también al mundo subterráneo.

Lo que para nosotros es una cueva helada es, para los investigadores, mucho más: un archivo natural capaz de conservar información sobre las condiciones ambientales del pasado.




Un patrimonio que puede desaparecer

El trabajo realizado durante esta campaña adquiere especial importancia porque algunas de estas formaciones de hielo podrían desaparecer en los próximos años si continúa la tendencia de aumento de las temperaturas.

Documentar su estado actual, recoger muestras y registrar las condiciones de las cavidades permitirá comparar su evolución en el futuro.

Lo mismo ocurre con los espeleotemas estudiados en las cavidades del complejo de Sarrios. Estas formaciones minerales constituyen auténticos registros naturales de los procesos que han tenido lugar en el subsuelo durante largos periodos de tiempo.

La colaboración entre espeleólogos y científicos permite acceder a estos lugares, documentarlos y obtener información que, posteriormente, puede ser analizada y utilizada para comprender mejor la evolución del medio subterráneo.




Una campaña que no estaba prevista

Esta campaña comenzó con una suspensión, pero terminó convirtiéndose en una experiencia diferente y enriquecedora.

No pudimos cumplir el objetivo inicial de regresar a Marboré, pero conseguimos algo igualmente importante: seguir trabajando en Ordesa y aportar nuestro conocimiento y experiencia a proyectos científicos que ayudan a comprender y conservar su patrimonio subterráneo.

La espeleología no consiste únicamente en alcanzar una nueva profundidad o descubrir una nueva galería. También consiste en observar, estudiar, documentar y proteger aquello que encontramos.

En Casteret y Sarrios hemos podido comprobar, una vez más, que las cuevas no son espacios aislados del mundo exterior. Los cambios que se producen en la superficie terminan llegando también al subsuelo.

Y el hielo es quizá uno de los testigos más frágiles y evidentes de ese proceso.





Marboré tendrá que esperar

La Sima de Marboré queda pendiente.

La historia de esta cavidad nos enseña que la exploración subterránea requiere paciencia, perseverancia y, sobre todo, respeto por la montaña.

Cuando las condiciones sean las adecuadas, volveremos a intentarlo.

Mientras tanto, esta campaña nos ha dejado algo muy valioso: nuevos datos, nuevas experiencias y la satisfacción de haber contribuido al conocimiento científico de algunas de las cavidades más singulares de Ordesa y sobre todo nuevos amigos.

Marboré tendrá que esperar.

La exploración continúa.

Y nosotros volveremos.






Fotografías de Otxola y David malabarista


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