Marboré
tendrá que esperar: una campaña diferente en Ordesa
Después de 11 campañas de exploración en
Ordesa, este año el Grupo Espeleológico Otxola se había marcado un objetivo
muy especial: regresar a la mítica Sima de Marboré, una de las grandes
cavidades históricas de los Pirineos.
La expedición estaba completamente preparada. El
material, la logística y el equipo humano estaban organizados. Sin embargo,
cuando faltaban apenas tres días para comenzar la campaña, las
previsiones meteorológicas y las condiciones de seguridad nos obligaron a tomar
una decisión que no habíamos tenido que tomar nunca en nuestras anteriores
campañas en Ordesa: suspender la expedición.
No fue una decisión fácil. Pero en la alta
montaña hay una regla que siempre debe prevalecer: la seguridad está por
encima de cualquier objetivo de exploración.
Cambiar el
objetivo, no abandonar la montaña
Aunque Marboré tendría que esperar, no queríamos
dar por perdida la campaña.
En pocos días reorganizamos nuestros planes y
preparamos una campaña alternativa de cuatro días, esta vez orientada a
la colaboración con los geólogos liderados por Miguel Bartolome del Museo
Nacional de Ciencias naturales y del Instituto Pirenaico de Ecología que
trabajan en el estudio del hielo y de los espeleotemas de las cavidades de
Ordesa.
La nueva campaña nos llevó hasta dos enclaves
especialmente interesantes: la Cueva Helada de Casteret y diferentes
cavidades del complejo de Sarrios.
En ellas realizamos trabajos de acceso y
equipamiento, observación y documentación, así como tomas de muestras para
los estudios científicos que se están desarrollando.
Casteret: 100
años de historia
La visita a la Cueva Helada de Casteret tuvo
además un significado especial.
Este año se cumplen 100 años de su
descubrimiento, un siglo durante el cual la cavidad se ha convertido en uno
de los lugares más emblemáticos de la espeleología y del montañismo pirenaico.
Pero celebrar su centenario también nos obliga a
mirar hacia el futuro.
El hielo que caracteriza a Casteret se encuentra
condicionado por las variaciones de temperatura y por los cambios ambientales
que está experimentando la alta montaña. La evolución de estas masas de hielo
puede convertirse en uno de los indicadores más evidentes de cómo el cambio
climático está afectando también al mundo subterráneo.
Lo que para nosotros es una cueva helada es, para
los investigadores, mucho más: un archivo natural capaz de conservar
información sobre las condiciones ambientales del pasado.
Un patrimonio
que puede desaparecer
El trabajo realizado durante esta campaña
adquiere especial importancia porque algunas de estas formaciones de hielo
podrían desaparecer en los próximos años si continúa la tendencia de aumento de
las temperaturas.
Documentar su estado actual, recoger muestras y
registrar las condiciones de las cavidades permitirá comparar su evolución en
el futuro.
Lo mismo ocurre con los espeleotemas estudiados
en las cavidades del complejo de Sarrios. Estas formaciones minerales
constituyen auténticos registros naturales de los procesos que han tenido lugar
en el subsuelo durante largos periodos de tiempo.
La colaboración entre espeleólogos y científicos
permite acceder a estos lugares, documentarlos y obtener información que,
posteriormente, puede ser analizada y utilizada para comprender mejor la
evolución del medio subterráneo.
Una campaña
que no estaba prevista
Esta campaña comenzó con una suspensión, pero
terminó convirtiéndose en una experiencia diferente y enriquecedora.
No pudimos cumplir el objetivo inicial de
regresar a Marboré, pero conseguimos algo igualmente importante: seguir
trabajando en Ordesa y aportar nuestro conocimiento y experiencia a proyectos
científicos que ayudan a comprender y conservar su patrimonio subterráneo.
La espeleología no consiste únicamente en
alcanzar una nueva profundidad o descubrir una nueva galería. También consiste
en observar, estudiar, documentar y proteger aquello que encontramos.
En Casteret y Sarrios hemos podido comprobar, una
vez más, que las cuevas no son espacios aislados del mundo exterior. Los
cambios que se producen en la superficie terminan llegando también al subsuelo.
Y el hielo es quizá uno de los testigos más
frágiles y evidentes de ese proceso.
Marboré tendrá
que esperar
La Sima de Marboré queda pendiente.
La historia de esta cavidad nos enseña que la
exploración subterránea requiere paciencia, perseverancia y, sobre todo,
respeto por la montaña.
Cuando las condiciones sean las adecuadas,
volveremos a intentarlo.
Mientras tanto, esta campaña nos ha dejado algo
muy valioso: nuevos datos, nuevas experiencias y la satisfacción de haber
contribuido al conocimiento científico de algunas de las cavidades más
singulares de Ordesa y sobre todo nuevos amigos.
Marboré tendrá que esperar.
La exploración continúa.
Y nosotros volveremos.
















